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EXO; Chanyeol/Baekhyun [Exorcismo Supremo]

Título: Exorcismo Supremo
Fandom: EXO
Pairing: Chanyeol/Baekhyun
Rating: PG-13
Palabras: 6.962
Summary: Lo que Kim Junmyeon no sabía, aparentemente, era que Chanyeol destacaba por tres cosas. La primera era por no despertarse nunca antes de las doce y media en domingo. La segunda era por ser la criatura menos dotada de la tierra para las manualidades. La tercera y última, y la que lo había condenado en última instancia, era su excesivo optimismo.
Advertencias: Crack. Muy crack. Y Derp!Yeol. No sé qué es esto. La culpa es de chanyeolscap
Notas: Teniendo en cuenta los tiempos que corren, necesitaba escribir algo para calmarme, y era cosa de escribir algo muy absurdo o algo absolutamente deprimente. Al final me decanté por lo absurdo. Espero que al menos os anime un poquito a todos <3


Exorcismo Supremo

Chanyeol se despertó ante la leve quemazón de la luz del sol sobre los párpados, tras hacer una mueca y girar sobre sí mismo, intentando ignorar la manera en la que su mente consciente empezaba a abandonar el mundo de los sueños y lo devolvía a su cruda realidad de mañana de domingo.

No sabía que hora era, pero suponía que pronto. Y los domingos por la mañana, al menos en el diccionario mental de Chanyeol, no estaban hechos para madrugar. Si los domingos existían, era para quedarse durmiendo hasta la hora de comer, felizmente sumergido bajo su maravilloso edredón hasta que Sehun venía a llamar a la puerta y lo obligaba a salir porque “hyung, tengo hambre, van a cerrar la cafetería en media hora y te estoy oyendo roncar desde aquí”, no para desperdiciarlos haciendo algo tan estúpido como levantarse temprano y aprovechar la mañana, o incluso moverse y salir de debajo de las mantas para cerrar la ventana, por mucho que el sonido del piar de los pájaros en el exterior se le estuviese metiendo en la cabeza, repetitivo, agudo e impertinente.

Con un murmullo ininteligible, Chanyeol se envolvió aún más entre las sábanas y se dispuso a volver al reino de los sueños. Estaba a punto de conseguirlo, creía, cuando un pensamiento molesto se coló en su cabeza sin avisar.

Había habido una urraca viviendo en el árbol frente a su ventana durante varios meses en su tercer año de carrera, un pajarraco negro y enorme que graznaba constantemente y al que Chanyeol había tomado la costumbre de saludar mentalmente por las mañanas antes de marcharse a clase. Había aguantado allí, de hecho, hasta que, durante el período de exámenes, Jongin se había hartado de aquellas serenatas de graznidos mañaneros y le había lanzado un pisapapeles desde la ventana de la habitación de al lado con, por cierto, bastante buena puntería. Desde entonces, y a pesar de que a Chanyeol siempre le había hecho gracia verla allí – se parecía a su profesora de estadística – la urraca había desaparecido para siempre, sin que ningún otro pájaro hubiera venido a ocupar su lugar, tal vez porque, y quitando el árbol bajo su ventana, su residencia estaba rodeada de asfalto.

Precisamente por eso, era hartamente improbable que el piar de los pájaros pudiera despertarlo una mañana de domingo. Primero, porque su convivencia indirecta con una urraca ladrona le había enseñado a dormir con la ventana cerrada. Y, segundo, porque cerca de su habitación no había pájaros.

—¿Qué…? —murmuró, más dormido que despierto, abriendo los ojos e incorporándose de golpe hasta quedar sentado en la cama.

Lo primero en lo que pensó fue en que todo lo que veía a su alrededor eran sábanas blancas, y en que él no tenía sábanas blancas, porque la lavadora de su residencia era horrible y las amarilleaba. Tampoco tenía cortinas claras, por cierto, ni las paredes tan recién pintadas, ni un escritorio tan bien ordenado. De hecho, el no tenía un cuarto ordenado en absoluto, y estaba a punto de levantarse de aquella cama de un salto y empezar a preguntar a gritos quién lo había secuestrado cuando sintió la primera punzada de dolor de cabeza.

—Oh, dios —gimoteó, llevándose una mano a la sien y tratando de luchar contra las olas de mareo y nausea que siguieron, subiéndole directamente desde el estómago.

No era lo suficientemente aficionado a las fiestas como para que aquello le ocurriese con regularidad, pero era perfectamente capaz de reconocer una resaca cuando tenía una, y aquella era de tamaño mayúsculo. Con dolor de cabeza, ganas de vomitar y deseo de morir incluidos, sí. Por no hablar de la pérdida de memoria. Pérdida de memoria sobre todo.

Porque por lo general Chanyeol tenía muy buena cabeza – no necesitaba casi estudiar para aprobar y siempre encontraba la camiseta que quería debajo de toda la pila de ropa sucia perpetuamente amontonada dentro de su silla, habilidad que siempre le había parecido muy útil – pero en aquel instante no sabía de quién era aquella habitación, ni qué le había pasado para acabar allí, ni dónde, dios santo, dónde, se había dejado la ropa.

Porque estaba claro que puesta no la tenía.

—Oh, mierda, mierda, mierda —musitó, intentando de recordar, y frunciendo el ceño al notar que los primeros recuerdos comenzaban a romper la barrera de neblina mental, restos de alcohol en su sistema y dolor de cabeza.

Recordaba parte de la noche anterior. Recordaba la fiesta.

Estaba seguro de que todo era, como siempre, culpa de Sehun y Jongin.

--

Lo que no era su culpa, y eso parecía claro, era que al representante estudiantil ocurrente de turno se le hubiera ocurrido celebrar una “fiesta de ecuador de curso” por la que el campus entero estaba emocionado, ni de que la fiesta en cuestión fuera de disfraces.

Chanyeol no tenía la culpa de haberse gastado la mayor parte de su asignación del mes en cafés y pedidos a domicilio al Domino’s Pizza (porque él tenía que estudiar, y la comida de la cafetería estaba mala, y sólo había una cocina por planta y bastante había tenido él con hacer saltar la alarma de incendios por error una vez, cuando Sehun y él habían intentado hacer palomitas, gracias) y no tener, por lo tanto, dinero para comprarse un disfraz como el resto de la gente decente. No había tenido la culpa de que el representante estudiantil en cuestión, alias Kim Junmyeon, hubiese sido todo sonrisas cuando él había ido a exponerle educadamente su problema (entiéndase, a llorarle) y a pedirle (prácticamente rogarle) que lo dejara entrar al local que habían alquilado vestido de calle porque los disfraces no eran lo suyo, ni que éste le hubiese dicho que siempre podía buscarse un tutorial de do it yourself en internet y “hacerse un disfraz que sorprendiese a todos por sus propios medios”.

Lo que Kim Junmyeon no sabía, aparentemente, era que Chanyeol destacaba por tres cosas. La primera era por no despertarse nunca antes de las doce y media en domingo. La segunda era por ser la criatura menos dotada de la tierra para las manualidades. La tercera y última, y la que lo había condenado en última instancia, era su excesivo optimismo.

Optimismo que lo había hecho pensar que tal vez sí que pudiera hacerse su propio disfraz si buscaba un tutorial que pareciera fácil. Optimismo por culpa del cual se había visto recorriendo (a última hora y después de rendirse porque eso del Do It Yourself era imposible) todas las tiendas de disfraces a un radio de un kilómetro desde el campus, sólo para descubrir que la mayoría de ellas alquilaban los trajes – cosa lógica que no se le había ocurrido pensar – y que aquello era relativamente barato, pero que a todo el resto del cuerpo estudiantil se le debía de haber ocurrido la misma idea, porque todo, absolutamente todo, estaba ya alquilado.

O, al menos, casi. Quedaban dos disfraces. Dos.

Lo cual no quitaba que él estuviera total y absolutamente condenado a la muerte y la destrucción eternas.

Al menos, podía decir que lo había intentado arreglar. Aunque, a juzgar por la mirada extraña que le lanzó Kim Junmyeon al entrar a la fiesta, o por el ataque de risa masivo de Jongin y Sehun cuando se encontraron con él delante de la mesa de bebidas, no había tenido mucho éxito.

—¿Qué es eso que llevas puesto? —preguntó Jongin, a todas luces tratando de mantener la expresión seria, pero soltando una carcajada antes de poder acabar la frase. Iba vestido de pirata, y el sombrero que llevaba estuvo a punto de salir disparado de su cabeza cuando se dobló por la mitad en medio del mayor ataque de risa que el chico lo había visto tener en meses. Chanyeol intentó parecer digno, pero no lo consiguió. Estaba estúpido y lo sabía, pero tenía que intentarlo.

—Sólo quedaban dos disfraces para alquilar en la tienda, y el otro era de Pororo —comenzó a explicar.

—¿Así que has pensado que vestirte de porno-cura era la solución a tus problemas?

Chanyeol observó su ropa con una mueca, sin saber muy bien si ofenderse o empezar a darse cabezazos contra la pared.

—No voy vestido de porno-cura —replicó débilmente—. Soy un sacerdote respetable. Un exorcista, de hecho. ¿Veis? Tengo una cruz.

Sehun se alejó un paso y lo observó de arriba abajo, con la misma cara que ponía su madre cuando tenían que vestirse elegantes para cenar y Chanyeol aparecía con la americana sin planchar. Lo cual no era de extrañar, porque él no dejaba de ser un chico de veintiún años, estudiante universitario, que había aparecido en la mayor fiesta del campus del año vestido con una sotana apolillada, incluyendo rosario y alzacuellos. Ni siquiera la cruz de plástico enorme, el “peinado amenazante” y la biblia tuneada (adaptada convenientemente para que pareciese un libro con las instrucciones adecuadas para matar demonios) lo ayudaban a librarse del título de “persona con el disfraz más indigno de toda la fiesta”. Lo cual, teniendo en cuenta que había alguien vestido de gallina y un miembro del club de ciencias disfrazado de pila alcalina, era un mérito, como poco, loable.

No era fácil ser el primero en algo. Aunque fuera malo. Sehun tenía que concederle eso.

—Pororo habría sido mejor opción, hyung —replicó el otro chico, sin embargo, observándolo con cara de póker—. Al menos quizás así alguien te habría considerado adorable en vez de...

—Tendría que haberme quedado en casa —murmuró Chanyeol, girándose hacia la mesa de bebidas y sirviéndose en un vaso de plástico la mezcla más alcoholizada que creyó encontrar. Su rostro se contrajo en una mueca de desagrado nada más dar el primer sorbo—. Ugh.

—¿Debería usted beber, Padre Park, estando delante de sus feligreses? —Sehun le hizo la pregunta en voz baja, neutral, como si quisiera saber la respuesta a aquello en serio, y, para cuando se volvió, Jongin y él se estaban riendo de nuevo como el par de críos estúpidos que eran—. No. Pero ahora en serio, hyung, estás ridículo. Pensé que ni siquiera te gustaban estas fiestas. ¿Para qué has venido?

Ahí estaba el problema, sí. Que a Chanyeol no le gustaban especialmente aquellas fiestas y que, en condiciones normales, se habría quedado en casa con un pedido de pizza y su ordenador – no es que fuera poco sociable, no, porque conocía a todo el mundo, pero le gustaba más simpatizar con la gente a otras horas del día en las que había luz solar, y sin alcohol de por medio – pero en aquella ocasión había tenido que venir. Pura fuerza mayor, una fuerza mayor que nadie podría llegar a comprender, y que él no iba a explicar porque era demasiado compleja. Sí.

—Ah, yo lo sé —intervino Jongin, y Sehun se giró a mirarlo entre divertido y curioso, pareciendo extrañamente digno dentro de su disfraz de príncipe. Chanyeol, por su parte, frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Claro que no lo sabes —protestó.

—Claro que sí. Has venido aquí por lo de siempre. Porque Byun Baekhyun te lo pidió.

Chanyeol frunció el ceño aún más y decidió que lo mejor que podía hacer era apurar el vaso que tenía en la mano de un trago y servirse otro más. O dos, o tres, porque Sehun había arqueado las cejas y estaba sonriendo como si le hubiera tocado la lotería.

—¿Byun Baekhyun te ha pedido que vengas con él a la fiesta?

—No. Error. Byun Baekhyun se cruzó con él por un pasillo y, poco después de que Yeol casi se diese un cabezazo contra la pared tratando de abrirle la puerta de clase, le preguntó casi por casualidad si iba a venir a la fiesta.

Sehun puso los ojos en blanco.

—Eso es aburrido, hyung. ¿Por qué no le dices de una vez que te gusta y nos ahorras un problema a todos?

Chanyeol se acabó el segundo vaso de bebida alcohólica infernal y se dispuso a servirse un tercero.

—No es tan fácil —protestó. Había visto por primera vez a Byun Baekhyun en su primer año de carrera, cuando los dos habían coincidido en una asignatura de Historia del Mundo Contemporáneo. Hacía dos años de aquello, pero la primera vez que lo había visto (Baekhyun había llegado tarde y se había disculpado con su profesora con una sonrisa que le había iluminado toda la cara y le había valido para que lo dejasen entrar a pesar de sus cuarenta y tres minutos de retraso), Chanyeol se lo había quedado mirando porque, dios mío, era perfecto. Y aquel sentimiento, aquel impulso a observarlo con una sonrisa (en palabras de Jongin) alelada cuando el otro chico no miraba, a repetirle a Sehun lo sumamente maravilloso que era, o a sentir una auténtica bandada de mariposas aleteándole en el estómago cuando tenía que dirigirse a él para algo, había empezado desde el principio, desde aquel mismo instante.

Había estado desde el principio, sí. Aquel sentimiento que lo atacaba cuando tenía que dirigirse a él para algo. Porque ahí estaba el problema. No es que Chanyeol fuera tímido, porque probablemente se encontrara en el top 10 de personas más sociables del campus, y no es que fuera incapaz de hablarle a Baekhyun, porque llevaba dos años saludándolo por las mañanas y preguntándole por su tarea y los exámenes, pero ahí acababa todo. No podía llevar su relación al siguiente nivel, no podía pasar de los temas triviales y tratar de empezar una conversación más profunda. Ni siquiera podía invitarlo a tomar un café después de clase, porque cuando abría la boca para intentar hacerlo, su cerebro sufría una especie de cortocircuito y todo lo que hacían sus músculos faciales era esbozar una sonrisa estúpida y obligarlo a finalizar la conversación de modo raro (ante lo cual, al resto de su cuerpo no le quedaba más remedio que ser coherente con su cara y marcharse de allí).

Si fuera una tercera persona, se habría reído de sí mismo tanto o más de como Sehun y Jongin se estaban riendo de él en aquel momento. Por eso había pensado que, fuera como fuese, tenía que tomar la iniciativa y aumentar de nivel la relación con Baekhyun en aquella fiesta – al menos hasta el punto de poder invitarlo a tomar café, objetivo para el cual había separado escrupulosamente parte de su asignación mensual.

Nadie le había dicho que iba a llegar Kim Junmyeon a implantar sus ideas progresistas y a convertir un evento perfectamente normal, respetable y potencialmente aburrido en una fiesta de disfraces, ni que él iba a aparecer en ella vestido de sacerdote apolillado.

De haberlo sabido, se habría quedado en casa, sí. Aunque técnicamente él era quien había aparecido allí por su propio pie disfrazado de espantajo y cargando con una cruz de plástico, sólo porque Baekhyun se lo había pedido. Cuando el otro chico y él ni siquiera iban a ir a la fiesta juntos, sino que iban a estar allí los dos, en el mismo lugar, en el mismo evento. Sin más.

Aquello se merecía otra copa, para celebrar su miseria, así que decidió beberse dos.

—¿Dónde está Baekhyun, por cierto? —preguntó Jongin en aquel instante, rellenando su vaso también y dando un sorbo generoso—. ¿De qué venía vestido, de perrito?

Sehun se encogió de hombros, y Chanyeol oteó la multitud de gente que se repartía por el bar que se había alquilado para la fiesta, tratando de encontrar a una figura concreta entre la masa de personas sentadas, de pie y apelotonadas, bailando en la pista. No tardó mucho en hacerlo, distinguiendo entre la muchedumbre a una persona vestida con vaqueros oscuros y una chaqueta de cuero, con lo que parecían la sombra de unas alas de pluma y cartón pegadas a la espalda y un vaso en la mano.

Como de costumbre cada vez que lo veía, se sintió como si estuviera en un sitio muy alto, cayendo sin paracaídas y sin poder detenerse, sin llegar al fondo. Sentía su corazón acelerándose, las manos sudándole, la boca quedándosele seca. Y bebió otro sorbo, y aún así dio igual, así que bebió más. Aquel era el día más horrible de su existencia entera, así que estaba en su derecho.

—Está allí —acabó diciendo por encima de la música, y Jongin y Sehun pararon de mirarlo como si fuera idiota y se giraron a fisgar. Chanyeol los vio dar media vuelta, contemplar a la persona que señalaba, cruzar los ojos, hacer una mueca. Silbar.

—Vaya, Yeol, normalmente Byun Baekhyun me parece mono sin más, pero en días como hoy hay que admitir que tienes buen gusto.

Chanyeol decidió gruñir algo, permitiéndose hundirse en su miseria durante un poquito más. El otro chico, que había venido con sus amigos Kyungsoo y Jongdae, se estaba riendo por algo, todo él piel blanca, pelo oscuro y ojos delineados en negro, mientras se llevaba un vaso de tubo a los labios.

—¿Va vestido de demonio o algo así? —preguntó Sehun ladeando la cabeza—. ¿De ángel caído? —Y Chanyeol no lo sabía (la verdad, le daba igual), pero de lo que estaba seguro era de que dejar que una criatura como aquella se pusiese eyeliner era como condenarlo a él al noveno círculo del infierno.

—Se suponía que yo quería hablar con él hoy —murmuró—. Invitarlo a tomar café otro día o algo así.

Sehun sacudió la cabeza, miró su ruina de disfraz de arriba a abajo y chasqueó la lengua. Jongin, por su parte, le quitó el vaso de los dedos y se lo volvió a rellenar, con una sonrisa de disculpa en los labios.

—Deberíamos brindar, Park Chanyeol —declaró—. Por otro día en el que te vas a casa sin conseguir nada.

--

—Te digo que esto es muy injusto —repitió Chanyeol por enésima vez—. Debería gustarle, ¿sabes? Debería gustarle. Soy… Soy alto.

Habían pasado dos horas. Dos horas desde que el chico había llegado a aquella estúpida fiesta, y dos horas desde que había visto a Baekhyun, vestido de ángel caído o lo que fuera aquello, riéndose con sus amigos y siendo asaltado por idiotas de toda clase. El chico se había reído y los había rechazado a todos, pero eso no hacía la situación menos frustrante. Uno de ellos hasta era bizco – Chanyeol lo había visto cuando el tipo se había acercado a la mesa de bebidas poco después – por el amor de dios. ¿Por qué un bizco tenía el valor de ir a hablar con Byun Baekhyun y él no?

Y no es que Chanyeol tuviera nada en contra de la gente bizca (era bastante comprensivo, de hecho, teniendo en cuenta que se habían metido con sus propias orejas desde el parvulario) pero sintió una especie de estúpida satisfacción cuando el pretendiente fallido en cuestión llegó a la mesa de bebidas a por alcohol y tuvo que volverse sin encontrar nada que beber.

Básicamente, porque ya se lo había bebido todo él antes.

Bueno, puede que Jongin y Sehun hubiesen ayudado un poco también, pero aquellas alturas de la noche no sabía muy bien cómo se las estaba apañando para seguir de pie, sin caerse de morros al suelo. Se sentía bastante lúcido, de hecho. Y muy protestón.

Especialmente porque Byun Baekhyun seguía de risitas con sus amigos y él estaba allí siendo un ser humano sufriente.

—¿Qué tienen todos esos tíos que no tenga yo? —protestó, y Sehun lo miró como si fuera obvio.

—¿Un disfraz decente?

Chanyeol puso los ojos en blanco, pero Jongin volvió a observarlo de la cabeza a los pies, soltando una risita y a punto de tirar el vaso que todavía tenía en la mano.

—¿De dónde crees que habrán sacado esa cosa que le han alquilado? ¿De un trapero?

—No lo sé, pero es horrendo.

—Pero horrendo como de cincuenta maneras diferentes.

Y aquello ya fue suficiente, porque no sólo era que Chanyeol hubiera venido a aquella fiesta a hacer algo que no le estaba saliendo del todo bien, ni que sus amigos se estuvieran riendo de él – como hacían siempre, pero más. Se trataba de su propia dignidad herida, de lo frustrado que se sentía anímico-sexualmente, y por qué no decirlo, del calor que le estaba dando aquel maldito disfraz, que debía de estar fabricado con tela de cortinas victorianas a juzgar por cómo pesaba. Estaba empezando a sentirse enormemente satisfecho de llevar una camiseta y vaqueros ahí debajo, porque si la cosa seguía así no iba a tardar en tirar aquella sotana encima del cuenco vacío del ponche y largarse antes de que Kim Junmyeon le gritara por ir vestido de calle en su precioso evento.

—No es horrendo —dijo, sin embargo, decidido a salvar su honra. Sentía la cabeza ligera, calor en los dedos de los pies, la vista desenfocada—. Soy un exorcista. Mirad el disfraz de Baekhyun. Tienen que gustarle los exorcistas.

Jongin se llevó una mano a los labios e imitó el sonido de una bocina.

—Tu argumento, mi querido amigo, no es válido —replicó con una sonrisa—. ¿Qué crees que va a querer? ¿Que lo exorcices con tus encantos? ¿Que te lo lleves a un callejón oscuro y le saques los demonios de dentro a base de sexo desenfrenado contra una pared? ¡Apartad todos, mortales, que aquí llega Park Chanyeol, sex-orcista extraordinario!

El chico lo miró con los ojos muy abiertos, y Sehun se rió tanto que tiró su vaso al suelo. El líquido se desparramó a sus pies, calándoles los zapatos y salpicando el bajo de la sotana terrible de Chanyeol.

—¡Eh! —protestó él, tratando de pensar con coherencia y acabar percatándose, vagamente, de que su cerebro no funcionaba del todo bien a causa del alcohol—. Me has mojado el disfraz. Estás arruinando mi sex-appeal con todo ese ron.

—¿Y qué más da tu sex-appeal? —replicó Sehun—. Sólo lo quieres para intentar impresionar a Baekhyun, y Baekhyun no va a dejarse impresionar si ni siquiera le hablas.

—¿Estás seguro de que no quieres ir a donde está y ofrecerle tus servicios como sex-orcista cachondón? —añadió Jongin, que parecía muy satisfecho de su propio chiste. Chanyeol abrió la boca para replicar y volver a decir que él era un hombre muy decente, pero acabó sintiéndose muy frustrado consigo mismo. Baekhyun estaba allí, al otro lado de la sala, rodeado de sus amigos y sin pretendientes pesados. Él sólo quería hablar con él, invitarlo a tomar café. Bueno, y puede que verlo con todo aquel eyeliner y ninguna pieza de ropa más también, pero aquello era apuntar demasiado por el momento, creía. Mejor concentrarse en cosas asequibles.

Lo cual quería decir que tenía que empezar ya.

—Vale —dijo, y se apartó de la mesa, sintiendo que el suelo se tambaleaba bajo sus pies.

—¿Vale, qué? —preguntó Jongin.

—Voy a donde Baekhyun. A hablar con Baekhyun.

—¿Qué?

Como dato positivo, hubo que decir que sus dos amigos dejaron de reírse e intentaron detenerlo. Como dato negativo, al parecer el único momento de la vida de Chanyeol en el que éste podía zafarse de ellos era estando borracho.

Baekhyun seguía en su sitio de siempre desde que había empezado la fiesta, con Kyungsoo y Jongdae a su lado y el que probablemente fuera su quinto o sexto vaso de bebida – algo con limón, creía él – en la mano. Visto de cerca era aún más perfecto, con el pelo oscuro perfectamente peinado, los ojos casi negros y los labios muy rosas. Normalmente, Chanyeol habría sentido pavor de saludar. Lo que tenía ahora, sin embargo, era una borrachera épica y bastante poca inhibición, así que lo llamó.

—Byun Baekhyun.

Y el otro chico lo miró, abriendo mucho los ojos y frunciendo los labios en una expresión entre divertida y curiosa.

—Ah, ¿Chanyeol? Me alegro de verte por aquí. ¿De qué vas disfrazado?

Chanyeol esbozó una sonrisa plenamente satisfecha, y uno de los amigos de Baekhyun, Kyungsoo, lo observó como si se hubiera vuelto loco.

—¡De exorcista! ¿No está logrado? —preguntó.

Su interlocutor retrocedió para echarle un vistazo con un aire aparentemente inquisitivo. Tenía los ojos brillantes y la sonrisa fácil, probablemente por todo el alcohol que había estado bebiendo mientras Chanyeol lo observaba y protestaba desde el otro lado de la habitación.

—Parece lo suficientemente realista —acabó diciendo, con una carcajada que sonó casi como música. No añadió nada después, como si esperara que Chanyeol hablara, que dijera algo más, y el chico se dio ánimos mentalmente porque era ahora o nunca, o le decía algo bonito y lo invitaba a tomar algo o pasaría el resto de sus días universitarios enterrado bajo una piedra, lamentando lo idiota que podía llegar a ser.

Tenía que decir algo, cualquier cosa. Así que separó los labios y habló.

—Tienes un demonio dentro —dijo. Y no sabía por qué lo había hecho, porque aquello ni era bonito ni le valía para invitar a nadie a comer, pero fue todo lo que se le ocurrió. La culpa era de Jongin, creía. La culpa era de Jongin y sus ideas horribles—. Soy exorcista y tienes un demonio dentro. Tenía que hablar contigo. Exorcizarte para que recuperes la salud.

Lo lógico y normal habría sido que Baekhyun lo hubiera, o mandado a paseo directamente, o simplemente dicho que se marchase a casa a dormir la mona, pero todo lo que hizo fue reírse. Quizá la culpa fuera del alcohol, porque tenía los ojos brillantes, el flequillo pegado a la frente a causa del sudor y estaba precioso.

—¿Exorcizarme? —repitió, como si le hiciera gracia. Probablemente fuera gracioso, sí, porque Sehun y Jongdae se reían, pero Jongin parecía un tanto inquieto, y Kyungsoo directamente lo estaba mirando mal.

—Estás borracho —declaró, y Chanyeol puso los ojos en blanco porque, dios mío, debía de ser un genio para haberse dado cuenta de algo así, en serio.

—Por supuesto que sí, pero eso no influye en el efecto final del tratamiento.

Baekhyun se rió de nuevo, pero Kyungsoo cruzó los brazos sobre el pecho.

—Por favor, Park Chanyeol, vas a lamentar todo esto mañana. ¿Exorcizar? ¿Cómo se supone que vas a exorcizar a nadie? ¿Con ese libro ridículo que has traído?

En el momento en el que Chanyeol le sonrió como si Kyungsoo no entendiera nada, Jongin empezó a llamarlo. Sin embargo ya era tarde, porque Chanyeol se había bebido todo el alcohol del bar y estaba allí parado, sintiéndose muy feliz, muy desinhibido y muy satisfecho consigo mismo.

—Por supuesto que no necesito ningún libro —replicó—. Todo lo que me hace falta para lo que voy a hacer es mi…

¡Park Chanyeol! —gritó Jongin. El chico se rió y lo ignoró. Todos habían escuchado lo que había dicho, de todas formas.

--

Definitivamente, sí, aquello tenía que ser culpa de Jongin, por mucho que su amigo hubiera tratado de redimirse en el último momento.

Él había pretendido ser un inocente exorcista, de aquellos que salvaban a virginales jovencitas poseídas por el mal y se ganaban un lugar en el paraíso, no de los que se despertaban en la cama de vete a saber tú quién un domingo por la mañana, por muchas sábanas y pajaritos que hubiera al otro lado de la ventana.

Él no se despertaba en casas ajenas – mucho menos los domingos –, no solía tener rollos de una noche porque luego, claro llegaba el día siguiente, se encontraba en una situación así y no sabía qué demonios hacer. Y aquella vez era peor, porque, por mucho que se esforzara, lo último que conseguía recordar era la maravillosa frase que le había dicho a Byun Baekhyun en plena cara, y que probablemente hubiera sido suficiente para ganarse su animadversión eterna.

Muy posiblemente, hubiera terminado abofeteado por Baekhyun, llorando y siendo sexualmente asaltado por el pobre perdedor que había ido a la fiesta disfrazado de pila alcalina. O eso, o había acabado cayéndose a una fuente de bruces como método para acabar con su miserable existencia y alguna inocente ancianita se lo había llevado a su casa y lo había arropado bajo las mantas para hacerlo entrar en calor.

Habría sido bonita, sí, esa última teoría, pero lo probable es que estuviera en el piso de alguien a quien no conocía en una posición un tanto compremetedora, así que más le valía vestirse y salir de allí antes de encontrarse en una situación mucho más incómoda aún.

Tomando aire, el chico intentó ponerse de pie, y todo lo que pudo hacer, fue volver a caer sentado sobre el colchón y sujetarse las sienes con ambas manos. Tenía el dolor de cabeza más grande de toda su existencia, y no creía que pudiera moverse sin vomitar todos los restos de ron en su estómago encima de la preciosa alfombra blanca que había bajo sus pies. Y aquel no era el momento, ni el lugar, porque no podía quedarse allí. Más le valía…

—Ah, Chanyeol, ¿ya te has despertado? —dijo una voz entonces, y el chico se quedó paralizado mirando al suelo porque no, no, no, mierda, no, lo habían descubierto antes de poder siquiera vestirse y encima se sabían su nombre, y aquel timbre sonaba extrañamente parecido al de…

El chico parpadeó, levantó la cabeza, peleó contra una nueva punzada de dolor de cabeza.

—Oh.

Byun Baekhyun lo observó desde el umbral de la puerta, vestido con una sudadera gris y pantalones blancos y el rastro de una sonrisa en los labios. Tenía el pelo sin arreglar, los ojos sin rastro de eyeliner y un vaso en una mano, y ahora Chanyeol sí que empezó a pesar que debía de haberse caído de cabeza al pilón de la fuente la noche anterior, porque aquello no podía tener otra explicación lógica que el haberse golpeado la cabeza contra algo duro y estar sufriendo alucinaciones. Baekhyun, en la puerta, pareció ligeramente nervioso.

—Te estaba trayendo una aspirina —indicó, separándose del umbral y acercándose hasta sentarse a su lado—. Creí que tendrías resaca cuando despertaras, ya sabes. Y tal vez deberías comer algo.

Chanyeol se encontró sin nada que decir. Visto de cerca, en el borde de la cama a su lado, Baekhyun tenía el pelo ligeramente húmedo, y olía bien, como a jabón. Sin rastro de maquillaje en la cara estaba aún más bonito, y su piel habría sido perfectamente blanca de no ser por la marca morada enorme que tenía sobre el pulso, en la junta entre el hombro y el cuello.

Seguía sin acordarse de nada, pero salvo que estuviera pasando algo muy raro allí, todo aquello sólo podía significar una cosa. Y oh, dios mío, dios mío, dios mío, mierda.

—No me caí a la fuente, ¿verdad? —murmuró, cogiendo el vaso que le ofrecían y bebiéndose el contenido de un trago. Sentía los granos de aspirina sin disolver en la garganta, y contuvo los deseos de toser—. No es que me haya golpeado la cabeza con el borde del pilón, ¿no?

Baekhyun alzó las cejas, confuso.

—¿De qué fuente estás hablando? —preguntó en voz baja, y Chanyeol decidió que, ya que todo lo que había en su cabeza era neblina, lo mejor que podía hacer era confesar.

—No me acuerdo de nada —farfulló—. Anoche me bebí todo el bar y ahora no me acuerdo de nada.

Una parte de Chanyeol esperaba que Baekhyun se enfadase, que lo mirara con el ceño fruncido y lo echara de allí – se había despertado sin ropa y en su cama; no acordarse probablemente fuera una falta de educación – pero el otro chico simplemente lo observó con una expresión de sorpresa que fue mutando hasta convertirse en una sonrisita divertida.

—¿En serio? —preguntó—. ¿De nada? ¿Nada de nada?

—Bueno —Chanyeol se rascó la cabeza, tratando de ordenar sus pensamientos. Sentía ganas de vomitar, juraba que por el alcohol y no por los nervios, y tardó unos segundos en contestar, sintiéndose más hecho un lío que nunca—. Recuerdo haber ido a la fiesta con el disfraz más feo de la historia, y haberme bebido todo lo que había en la mesa del alcohol. Y recuerdo haber querido hablar contigo y…

—¿Y? —Baekhyun pareció absolutamente angelical, y durante un momento Chanyeol le pidió a todos los dioses del universo que lo siguiente que iba a decir hubiera sido un producto de sus fantasías de borracho y que Baekhyun fuese a mirarlo con cara rara y a preguntarle de qué hablaba.

—Creo que te dije algo de un exorcismo —tanteó, y se le cayó el alma a los pies cuando el otro chico sonrió.

—Eso —dijo, riendo, tal vez un poquito, ligeramente, burlón, y Chanyeol se habría levantado y habría salido corriendo de allí si no fuera porque, primero, todavía parecía que la cabeza fuera a estallarle a pesar de que la aspirina estuviera empezando a hacerle efecto y, segundo, todo lo que tenía para taparse era la sábana (de Baekhyun) sobre la que el propio Baekhyun estaba también sentado y lo último que le apetecía era pasearse por ahí desnudo—. Eso ha sido la manera más rara con la que alguien ha intentado ligar conmigo en una fiesta.

Chanyeol no pudo contener el gruñido ahogado que se le escapó de entre los labios.

—Agh. Lo siento —se disculpó—. Yo no digo esas cosas, soy una persona decente. Es culpa de Jongin. Siempre es culpa de Jongin.

Baekhyun volvió a reírse.

—Tu amigo Jongin estaba blanco como un papel. Se disculpó mucho cuando Kyungsoo intentó romperte su vaso en la cabeza por pervertido.

Ah, aquello mejoraba por momentos.

—¿Y qué pasó luego? —preguntó.

—¿Cómo de luego?

—Luego.

Oh —Baekhyun sonrió, y Chanyeol pudo ver claramente que, debajo de todas aquellas sonrisas y exclamaciones aparentemente inocentes, el chico se lo estaba pasando de lo lindo—. Digamos que… hiciste tu trabajo y me exorcizaste. ¿No era eso lo que querías hacer?

Chanyeol abrió la boca. La cerró.

—¿Con el libro? —acertó a murmurar, y Baekhyun sonrió más.

—¿No le dijiste a Kyungsoo que el libro no era lo que necesitabas?

Todo con lo que pudo responder Chanyeol fue con un gemido ahogado y de dudosa masculinidad.

Baekhyun —comenzó a decir, tratando de recordar. Y lo hizo, a retazos; recordó labios contra los suyos, y piel suave bajo sus dedos mientras le sacaba la camiseta a la persona frente a él por la cabeza y la tiraba sobre el colchón. Y calor, y deseo, y Baekhyun susurrando algo contra su oído, y luego un maldito espacio en blanco justo cuando llegaba la parte buena. No sabía si era peor haberse bebido hasta el agua de los floreros disfrazado de cura en la fiesta de su universidad, haberse despertado después de aquello en la cama del que había sido su amor no correspondido desde que había llegado allí o no acordarse exactamente de lo que había pasado, porque ya que estaba suponía que no era mucho pedir—. Baekhyun —repitió—, dime que no dije alguna cosa rara; dime que no…

El otro chico al menos tuvo la decencia de contener la risa al empezar a responder.

—¿Qué es una cosa rara? ¿Empezar a hablar en latín para sacarme al demonio de dentro o algo así? Creo que no, tranquilo —Chanyeol ya estaba respirando con más calma cuando Baekhyun volvió a esbozar aquella sonrisa traicionera suya—. Lo que sí dijiste era que estaba, ah, sí, “muy sexy con todo ese eyeliner y nada más”. Así que supongo que gracias.

Ojalá que la ventana de la habitación estuviese alta, porque Chanyeol estaba empezando a desear seriamente lanzarse por ella en plancha y esperar morir sin sufrimiento. Porque suponía que era respetable y sano que todo hombre de su edad tuviera fantasías sexuales frustradas con su compañero de clase alguna vez, pero lo que ya no era normal era ponerles voz en medio de una especie de sesión de sexo alcoholizada con el compañero de clase en cuestión, ni mucho menos llegar a hacerlas realidad y olvidarse de todo a la mañana siguiente. Aquello era de perdedor mayúsculo. Jongin se iba a reír tanto que se iba a partir en dos. Si es que se enteraba, claro, porque Chanyeol se pensaba llevar aquello a la tumba.

—Dime que no dije ninguna otra cosa—susurró.

—Bueno —la sonrisa divertida pareció temblarle un instante a Baekhyun en los labios, pero pronto había vuelto con toda su fuerza, y era bonita, y horrible—. Sólo confesaste que yo te llevaba gustando dos años, y eso justo antes de quedarte dormido encima de mí. Que, por cierto —el chico hizo una mueca—, pesas.

Chanyeol pensó que ya estaba, que lo había conseguido y después de aquello se moriría allí mismo, convertido en un peso muerto de 1’85 metros de criatura patética y lamentable. A juzgar por cómo le ardía la cara, debía de tener rojas hasta las puntas de las orejas, por no decir que su cara debía de ser un auténtico poema.

—Se supone que esto no habría tenido que ser así —protestó, casi más para sí mismo que para Baekhyun—. Se supone que yo había ido a esa fiesta para hablar contigo e invitarte a café. ¡A café, no a…!

El otro chico debió de percibir lo miserable que se sentía en aquel mismo instante, porque se levantó y le trajo su ropa, que había dejado doblada encima de una silla. No la sotana, por suerte, sino la camiseta y los vaqueros que había llevado debajo.

—Tal vez deberías vestirte —le indicó, y Chanyeol lo miró con una cara que probablemente estuviera un poco gris, o quizás incluso verde.

—¿Podrías…? —comenzó, haciendo un gesto bastante estúpido con la mano. Baekhyun debió de entenderlo, sin embargo, porque sonrió.

—Supongo que sabes que ya he visto…

Por favor.

Y a Baekhyun no le quedó más remedio que encogerse de hombros dar media vuelta, girándose hasta quedar de espaldas a él.

Chanyeol suspiró y se levantó, procediendo a vestirse todo lo rápidamente que pudo. Delante de él, parado en medio de la habitación, estaba Baekhyun, jugueteando con sus propios dedos y con la vista baja, y, desde donde estaba él, el chico podía verle la nuca. Seguía martilleándole la cabeza, sentía las piernas débiles, y había hecho el ridículo tanto que a aquellas alturas estaba casi seguro de que no le quedaba nada que perder, así que tal vez por eso volvió a hablar.

—Yo no… ¿Esto es algo que te pase mucho?

Los hombros de Baekhyun se tensaron ligeramente al oírlo hablar, pero el otro chico no se volvió.

—¿El qué?

—Ya sabes, todo… esto —Chanyeol no sabía muy bien cómo explicarse. De repente, quería saberlo todo, y no tenía ninguna gana de enterarse de la verdad si la respuesta no iba a gustarle, pero necesitaba preguntar—. Ir a una fiesta y que te ataquen idiotas con disfraces ridículos. Acabar… así con esos idiotas. Eso. Como nosotros, anoche.

Baekhyun volvió a tensarse, y esta vez se giró a mirarlo con los ojos muy abiertos, girándose al comprobar que ya estaba vestido y de pie. Por primera vez desde que había llegado a la habitación, parecía más avergonzado que otra cosa, y Chanyeol pensó que al menos ya no era él el único en sentirse como un competo imbécil.

—¿Qué? ¡No! —exclamó, interrumpiéndose luego, como si no supiera muy bien cómo argumentar aquello—. Es decir… Yo había bebido, no tanto como tú, pero había bebido, y pensé que ya que habías venido y me estabas más de dos frases completas por una vez en tu vida, sin marcharte de repente ni nada, lo mejor que podía hacer yo era seguirte el juego y… ¡No pensaba que todo esto fuera a llegar a tanto, yo sólo…!

La mente de Chanyeol dejó de trabajar un momento cuando el chico, por fin, asimiló lo que acababa de escuchar.

—¿Querías que yo hablara contigo? —prácticamente exclamó, dándose cuenta de que aquella era la primera vez que hablaba con Baekhyun sin trabarse, y que no era en absoluto lo que había tenido en mente, pero que, ahora que estaba en ello, le estaba resultando sorprendentemente sencillo—. Espera un momento, ¿eso quiere decir que yo te gu…?

Baekhyun prácticamente dio un brinco, y de repente estaba delante de él, con los ojos muy abiertos. Por primera vez en aquellas veinticuatro últimas horas – o al menos que recordase – Chanyeol se rió, porque Baekhyun parecía extrañamente resuelto, pero apenas le llegaba por encima de la nariz.

—¿No decías que lo que querías era invitarme a un café? —lo interrumpió, echando la cabeza hacia atrás para mirarlo—. ¿Por qué no me invitas a ese café ya? No he desayunado todavía y tengo hambre.

—Se supone que lo del café era mi plan maestro para aumentar un nivel nuestra relación. No sé si es válido después de…

Baekhyun puso los ojos en blanco y le agarró de la manga, y al instante siguiente estaba arrastrando a un Chanyeol muy sonriente a través del comedor de su apartamento.

—¿Qué más te da, si ni siquiera te acuerdas? Quiero mi café —iba susurrando, casi como si le estuviera haciendo un favor, y Chanyeol se encontró riéndose entre dientes porque ahora era el otro chico quien tenía vergüenza, y aquello era adorable—. Tal vez te deje besarme o algo así si me compras uno con mucha nata. Sólo si está bueno. Y por ser tú.

—Vale —Chanyeol, que era todo sonrisas, siguió a su acompañante hasta la calle, lo observó guardarse las llaves en el bolsillo y cerrar la puerta simplemente con golpete porque “Kyungsoo y Jongdae están en casa y me matarán como los encierre” y se paró junto a él al llamar al ascensor. No sabía cómo le iba a contar a Jongin todo aquello sin que sonase muy raro (si es que no lo sabía ya, teniendo en cuenta su numerito), pero,  a aquellas alturas, le daba igual que Sehun y él se rieran de él para toda la eternidad, porque había empezado la noche entrando en una fiesta con una sotana y estaba comenzando el nuevo día yendo a desayunar con Byun Baekhyun. Y él odiaba levantarse pronto los domingos, pero suponía que para aquello podía hacer una excepción. Todos los fines de semana, si era necesario—. Aunque, ahora que caigo… ¿Baekhyun?

—¿Sí?

—¿Dónde está mi disfraz?

El otro chico lo miró durante un segundo con los ojos entornados, como si estuviese planteándose en serio por qué alguien querría preguntar por aquella cosa.

—¿La sotana? Te la quitaste en mitad de la fiesta y se la tiraste a Kim Junmyeon a la cara. Creo que le dijiste que sus ideas progresistas eran intragables, o algo parecido, y que podía comerse toda esa basura del Do It Yourself.

Muy a pesar suyo, Chanyeol se encontró sonriendo.

—Perfecto.

Definitivamente, aquel iba a ser el mejor domingo de su vida.


A/N: Esto pasa cuando esto aparece en la conversación cuando estamos hablando de ChanBaek. Porque todo, absolutamente todo puede adaptarse a estos dos.
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Tags: !oneshot, fandom: exo, fic: short fics/drabbles, pairing: chanyeol/baekhyun, rating: pg-13
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