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EXO; Chanyeol/Baekhyun [Adorable Crueldad (1/4)]

Título: Adorable Crueldad
Fandom: EXO
Pairing: Chanyeol/Baekhyun. Broken!Chanyeol/Kyungsoo (resaltar para spoiler)
Rating: R
Palabras: 4.546 (parte 1)
Summary: Baekhyun nunca había sido precisamente desinteresado, pero estaba enamorado. Chanyeol no era una mala persona, pero era el ser con menos clemencia del universo entero.
Advertencias: Angsty
Notas: Escrito porque los anons de ask me hacen mal y porque hay cosas que últimamente me hacen mal. A nada he estado de publicarlo en ariasofsilence en vez de aquí, pero me he contenido a última hora.



Adorable Crueldad

Era algo divertido, cuando hablaban en los libros de corazones rotos.

Todo era una prueba más, otro obstáculo para el amor verdadero: un período de luto en el que la heroína observaba al hombre de su vida desde lejos, esperando a que su príncipe azul se diese cuenta por fin de que la mujer a su lado no era sincera, de que la única persona que sería capaz de quererlo sin condiciones, hasta el infinito, era ella y nadie más.

Baekhyun odiaba aquellos libros. Odiaba los finales felices. Odiaba el modo en el que la gente reía, comentaba, decía que aquello era bueno, que te rompiesen el corazón, si se quería descubrir hasta qué punto te amaban en realidad.

Odiaba que creyesen que el mal de amores era sólo aquello, una punzada de dolor instantáneo, algo que llegaba, dolía por un momento y desaparecía sin dejar cicatrices. Porque no sabían nada; no sabían que el corazón seguía latiendo mientras se partía en pedazos, poco a poco, dentro del pecho. Y que con cada segundo, con cada pulsación, las esquirlas se clavaban en la piel hasta que el dolor era constante, algo habitual como el parpadear, dormir, respirar. Se quedaba allí, para siempre, y no volvía a marcharse jamás.

Nadie sabía, nadie podía saber. Porque las heroínas de las películas se lamentaban, lloraban lágrimas amargas que las hacían parecer más hermosas, más frágiles, pero gente que tenía roto el corazón de verdad simplemente seguía caminando, y sonreía. Sonreía, porque no podía hacer nada más.

Aquella era la estúpida, ridícula historia de su vida.

Había empezado en un instante, sin que él hubiera podido preverlo, como otro de esos muchos actos que no parecen ser trascendentales, pero el mundo había temblado para Baekhyun cuando había conocido a Park Chanyeol.

Había tenido siete años, había sido pequeño para su edad y su balón de fútbol favorito se le había quedado enganchado en lo alto de un árbol. Sus amigos habían estado ocupados, su madre no había estado en casa, y él había tratado de trepar, subir hasta lo más alto para recuperarlo, pero no había sido capaz ni de ascender un metro sin clavarse pedazos de corteza en las manos.

—¿Qué es lo que estás haciendo? ¿No te duele?

Baekhyun había tenido astillas bajo las uñas, sangre en las palmas, y se había girado justo a tiempo de ver acercarse a otro chico con unas gafas redondas un tanto ridículas sobre la nariz y otro balón en las manos. Baekhyun creía haberlo visto alguna vez, en su escuela, quizás, o alrededor del vecindario, pero no habían hablado nunca y no sabía su nombre, ni su edad, ni a qué le gustaba jugar. No eran amigos, y por eso Baekhyun se sorprendió cuando el otro chico lo sujetó por las muñecas para verle las heridas, frunció la nariz cuando vio hasta qué punto se había clavado la corteza en la piel.

—Tengo tiritas —anunció, soltándole momentáneamente las manos para buscar algo en el bolsillo—. Mi madre me las da porque siempre me caigo, pero creo que tendrías que lavarte primero esa herida. Podría ponerse mal. Podrías tener que ir al hospital.

Baekhyun no sabía si los cortes eran tan malos, pero odiaba los hospitales. Sin embargo, no pudo evitar fruncir el ceño.

—Pero, ¿y mi balón? —protestó, y el otro niño lo miró durante un instante, pensando, antes de dedicarle la sonrisa más brillante que él hubiera visto en su vida.

—Puedes quedarte con el mío, ¿vale? A cambio de que te aprendas mi nombre. Me llamo Chanyeol.

Todo había empezado así, de repente, y había sido también de repente como Byun Baekhyun se había convertido en el mejor amigo de Park Chanyeol. Los primeros días habían transcurrido sin problemas, sin preocupaciones, en un mundo en el que Chanyeol había mirado a Baekhyun con unos ojos enormes y muy cálidos y le había dicho con infantil sinceridad que esperaba que las heridas de sus manos se curasen bien, porque él era demasiado adorable como para tener cicatrices.

En aquel mundo, un día Chanyeol estaba obsesionado con ser el mejor jugando al baloncesto (lo cual no tenía sentido alguno, porque Chanyeol era horrible haciendo deporte) y al día siguiente se pasaba las horas tratando de batir su propio récord en un videojuego mientras Baekhyun se sentaba en su cama y lo miraba con su expresión de reproche más creíble.

—Eres como una veleta —repetía siempre, como lo había repetido con siete años, con ocho, con diez y con doce—. Nunca te gusta lo mismo durante más de dos meses seguidos. No vas a llegar a ninguna parte haciendo eso.

Chanyeol siempre le sonreía, con aquella sonrisa que hacía que a Baekhyun le costase respirar, que lo obligaba a ceder ante todo lo que Chanyeol quisiese, por mucho que de puertas afuera le gruñese o le pusiese mala cara.

—Pero me gustas tú —le decía, como si aquello fuera algo inocente, como si aquello fuera algo normal, y Baekhyun no sabía dónde meterse, no sabía cómo reaccionar y le repetía que no dijese tonterías mientras por dentro se sentía inexplicablemente completo.

Haciendo retrospectiva, tal vez se hubiera enamorado de él entonces, en algún punto indefinido entre los siete y los doce años. No había sabido lo que era, no habría podido ponerle nombre, pero recordaba el sentimiento, la punzada de felicidad en su pecho, el deseo, muy dulce y casi fiero, de que todo pudiera seguir así para siempre.

No sabía que iba a ser él, casi por casualidad, quien iba a impulsar su propia caída con un acto tan inocente que ni siquiera había pensado en él dos veces.

Hasta entonces, siempre habían sido Chanyeol y él, juntos contra el mundo. Fue al cumplir los trece años cuando Baekhyun le presentó a Do Kyungsoo.

Había sido el chico nuevo, Kyungsoo, el niño vestido de negro, siempre comiendo solo, que había llegado al barrio el trimestre pasado. Iba a su misma clase de coro, los habían hecho cantar juntos una vez, y Baekhyun nunca había sido la persona más generosa del mundo, pero había decidido convertir aquello en su buen acto del día e invitarlo a comer con sus amigos.

Todos los demás lo habían recibido con los brazos abiertos: Luhan, todo el sonrisas, y Jongin, y Yixing. Baekhyun había previsto aquello, se había sentido sinceramente feliz al respecto, pero no había esperado la reacción de Chanyeol.

Chanyeol, que había mirado al recién llegado con los ojos muy abiertos, como si hubiera visto una aparición. Chanyeol, que había dejado su sitio de siempre, a su lado, para ir a sentarse junto al chico nuevo, que se había ofrecido a enseñarle el colegio a pesar de que Kyungsoo ya lo conocía de sobra. Que se había pasado el camino de vuelta a casa sin escuchar todo lo que Baekhyun tenía que contarle sobre su día, hablando sólo de él.

Y el chico habría mentido si hubiese dicho que no había estado molesto, que no se había encerrado en su cuarto de un portazo y había maldecido mentalmente a Park Chanyeol por ser un idiota y no prestarle la misma atención que todos los días, pero había creído sinceramente que todo aquello sería algo temporal, que su mejor amigo volvería a él como hacía siempre, porque Baekhyun era lo primero en su lista de prioridades, por encima de todo lo demás.

La primera grieta, el primer pinchazo en su corazón, había llegado al darse cuenta de que estaba equivocado. Cuando su fotografía anual, la que les sacaba la madre de Chanyeol delante de la puerta de su casa cada primavera había dejado de incluir a dos personas para mostrar a tres – Kyungsoo con el ceño fruncido, Chanyeol pegado a él, molestándolo, Baekhyun con los ojos muy abiertos, en el fondo, preguntándose qué estaba haciendo allí. Cuando Chanyeol empezó a mandarle mil y un mensajes para disculparse porque “lo siento, Baekhyun, no puedo ir hoy contigo a la tienda de CDs porque voy a ir a comer con Kyungsoo” o “lo siento, Baekhyun, me olvidé de que tenías ese examen, ¿qué tal te fue? Nosotros estuvimos en el cine anoche.”

Los días habían ido dejando paso a las semanas, las semanas se habían convertido en meses, en años, y Chanyeol se había vuelto más alto, más guapo, involuntariamente cruel hasta el punto de partirle el alma. Y llamaba a Baekhyun cada noche, con aquella voz que hacía que al chico se le erizaran los pelos de la nuca, se le cortara la respiración, pidiéndole que lo escuchara, porque era su mejor amigo, y hablándole de Kyungsoo, Kyungsoo, Kyungsoo hasta que él no había podido soportarlo más y se había reído para no acabar llorando.

—Si tan enamorado estás de él, Yeol, por favor, haznos un favor a todos y pídele salir de una vez.

Su amigo había dudado al otro lado de la línea, y Baekhyun había cerrado los ojos, rogando por un segundo, permitiéndose ser egoísta durante un momento. Se había llevado las manos a los labios y había repetido mil veces por favor, por favor, por favor sin voz, esperando escuchar a Chanyeol reírse, preguntarle de qué estaba hablando, negarlo todo, decirle que por delante estaba él. Todo lo que había escuchado había sido la respiración de su mejor amigo, agitada, su voz convertida en un susurro casi asustado y que no era propio de él, cuando preguntó.

—¿Tú crees que Kyungsoo me…?

Baekhyun se había mordido el dorso de la mano para permanecer callado; había hundido los dientes en la piel hasta que había logrado respirar con normalidad, hasta que el labio le había dejado de temblar como si alguien acabara de partírselo de un golpe.

—Por dios, Chanyeol, ¿quién más aguanta tus estupideces además de él?

Su amigo se rió, considerablemente más animado.

—¿Tú? —replicó, y Baekhyun contuvo una sonrisa triste que no alcanzó el otro lado de la línea.

—Ya, puede que sí, pero hay una diferencia. Tú no estás enamorado de mí.

Chanyeol siempre había tenido la cabeza en las nubes, siempre había sido distraídamente ignorante, inconscientemente cruel en lo que respectaba a él. Y era una crueldad sin maldad, casi infantil, una que llegaba y abría las heridas sin conocimiento por su parte, sin pretenderlo. Porque Chanyeol nunca había querido hacer daño a Baekhyun, pero eso nunca hacía que sus palabras, que su ignorancia, doliesen menos.

—De acuerdo, de acuerdo. Tienes razón en ese punto, pero… ¿Y si él no me quiere?

Baekhyun suspiró.

—¿Qué quieres que le haga yo? Yo no soy Kyungsoo, Yeol; no sé lo que opina —preguntó, fingiéndose un tanto irritado, como todas las veces, como si Chanyeol fuera el idiota que siempre lo sacaba de quicio, y no la persona que lo estaba haciendo trizas, segundo a segundo, palabra a palabra.

—Podrías… ¿Podrías ir a hablar tú con él? ¿Preguntarle si…?

Baekhyun apretó con fuerza el auricular, cerró los ojos. Habría jurado que el mundo a su alrededor estaba tambaleándose.

—¿Tú sabes lo que me estás pidiendo, Park? —replicó, mordiéndose el labio al preguntarse si no estaba sonando demasiado herido, demasiado sincero. Así que se rió otra vez, intentando parecer otra vez el mismo Baekhyun que lo llamaba imbécil a diario con una ceja arqueada; el mismo Baekhyun que lo obligaba a llevarle los libros de texto de camino a clase porque era lo único que podía tener de él—. ¿De verdad quieres que sea tu maldita celestina? ¿Que vaya a preguntarle precisamente a Kyungsoo si quiere salir contigo? Wow, tendría que apreciarte mucho para hacer algo así, ¿sabes? Valoro mi integridad física. Aunque, bueno. ¿Qué es lo que me darías a cambio, si lo hiciera?

—¿Lo que tú quieras? Te haré la tarea de inglés hasta que nos graduemos. Te limpiaré los zapatos durante un mes.

Baekhyun nunca había sido precisamente desinteresado, pero estaba enamorado. Chanyeol no era una mala persona, pero era el ser con menos clemencia del universo entero.

“Tú no sabes qué es lo que quiero yo. Ni siquiera te lo supones. Lo peor es que ni se te ha pasado la mera posibilidad por la cabeza.”

—Que sean dos meses. Y te aseguro que pienso caminar todos los días sobre el barro, sólo por fastidiar. Para que tengas que frotar.

Así fue como, aquella misma noche, Baekhyun cambió ocho semanas de tarea garabateada en su cuaderno y zapatos mal limpiados por una segunda grieta en su corazón. Y aquella era peor, porque se abría día tras día. Porque su corazón era, al mismo tiempo, fuerte y más frágil que el cristal: estaba hecho de un material que le permitía – lo obligaba – a seguir amando, pero estaba ya tan roto que habría sido imposible volver a dejarlo como estaba antes. Y se resquebrajaba un poco más, a cada instante, a cada segundo, con cada latido, con cada rechazo más.

El punto de no retorno llegó en aquella ocasión, a los dieciocho años, cuando, tras una conversación entre Baekhyun y Kyungsoo, Chanyeol apareció con el otro chico de la mano en su clase del instituto y anunció a voces que estaban, por fin, saliendo juntos. Y él habría podido soportarlo, juraba que sí, de no haber sido por la sonrisa de Chanyeol, enorme y llena de luz, cuando se lo había llevado a un lado para darle las gracias por haberlo ayudado tanto.

--

Baekhyun no odiaba a Kyungsoo, no podía odiar a Kyungsoo – el chico cantaba como un ángel, era brillante en los estudios, se preocupaba, a su manera, por ellos – pero no podía evitar imaginarse escenarios en los que los dos nunca se hubieran conocido; en los que a Baekhyun no se le hubiera ocurrido invitarlo a comer, y preguntarse en qué habrían sido diferentes las cosas.

Tal vez, si Kyungsoo no lo hubiera acompañado al comedor ese día, su primer beso habría sido con Chanyeol y no con aquel idiota de su clase de ciencias, en un momento de desesperación, porque quería saber qué se sentía. Tal vez, si su mejor amigo hubiera estado enfermo ese día, si no hubiera visto a Kyungsoo a la vez que los demás, ahora quien estaría sentado a su lado compartiendo auriculares con él, perdido en su propio mundo mientras los demás hablaban, sería Baekhyun y no él; habría sido siempre Baekhyun y nadie más.

O quizás, y a pesar de todo, habría aparecido otra persona de todos modos. Alguien a quien Chanyeol habría mirado con los ojos brillantes, alguien que lo habría hecho levantarse de su sitio e ir a su encuentro, dejando a su mejor amigo atrás. Porque el problema no era que Chanyeol se hubiera enamorado de Kyungsoo: el problema era que su mejor amigo no estaba, ni había estado nunca, enamorado de él.

Y eso era lo que Baekhyun odiaba, de Chanyeol y de sí mismo. Lo que le hacía cerrar los ojos y contener la respiración cuando el otro chico se acercaba, cuando se reía y cuando le susurraba algo al oído, completamente ajeno a lo que causaba en él. Lo que lo hacía detestarlo, maldecirlo hasta no poder pensar en nada cuando sus dedos lo rozaban, sólo un instante, cuando su cerebro se disparaba y su imaginación lo colocaba en mil escenarios diferentes, con labios contra su cuello y manos sobre su piel, para acabar volviendo al mundo real y darse cuenta – otro día, otra ocasión, otro segundo más para su lista de fracasos – de que el contacto de Chanyeol había sido puramente amistoso, y de que estaba hablando otra vez de lo que iba a hacer con Kyungsoo, que era quien tenía todo lo que siempre había deseado él, con un fervor que casi lo asustaba.

—No puedo seguir así —le había confesado a Yixing una noche, cuando el enésimo novio con el que había intentado algo sin éxito lo había dejado plantado; cuando había bebido mucho y no había tenido a nadie con quien hablar—. No puedo con esto, no puedo pasar página. No puedo hacer nada. No puedo, no puedo, no…

Estaba seguro de que todos, absolutamente todos, sabían lo que pasaba, incluso el mismo Kyungsoo. Todos menos Chanyeol. Pero, de entre todos ellos, Yixing era el único que no le había juzgado, el único que no le había dicho que intentase conocer a otra gente, ni que le hubiese recomendado hablar con su mejor amigo para aclarar las cosas. Simplemente, Yixing se sentaba, lo escuchaba hablar y le sonreía, como si sólo él supiera hasta qué punto estaba con el agua al cuello y cómo no podía nadar.

—Tal vez algún día él se dé cuenta —le había dicho aquella vez—. Tal vez alguna vez lo vea.

Y Baekhyun había negado con la cabeza, porque él ya estaba condenado y Chanyeol nunca se daba cuenta de nada.

Así pasaron uno, dos, tres, cuatro años. Años en los que Baekhyun empezó la universidad; tiempo tras el cual estaba a punto de acabarla. Se había acostumbrado ya al dolor más allá del pecho, a la molestia sorda y constante que le suponía tener cicatrices donde nadie podía verlas – detrás de su sonrisa, de la piel, más profundas que sus heridas con la corteza resquebrajada de un árbol, tantos años atrás. Había creído que aquello iba a ser constante, que iba a levantarse así cada día, que nada podría ser peor.

Fue entonces cuando Chanyeol y Kyungsoo empezaron a discutir.

Todo había tenido que ver con planes de futuro, con cosas que Kyungsoo quería hacer y Chanyeol no, con riñas que subían de escala y acababan en broncas, en peleas tras las que Chanyeol acababa llamando a Baekhyun a las tres de la madrugada, susurraba contra el auricular de su móvil que había dormido solo durante noches enteras, que todo lo que había estado bien estaba dejando de tener sentido, que se estaba equivocando y no sabía qué estaba haciendo mal.

—No quiero perderlo —le repetía con aquella voz frágil que no era nada característica de él, y que le rompía el alma a Baekhyun en pedazos por mil razones distintas—. No sé qué voy a hacer sin él. Ayúdame, Baek, por favor.

—Lucha. Haz lo que sea. Inténtalo.

Y Chanyeol lo había intentado. Le había comprado regalos, lo había invitado a cenar, había tratado de hablar, de entender, a cada momento, y se había mantenido firme, con la cabeza muy alta y Baekhyun a su lado, mientras su relación se desmoronaba hasta acabar, después de toda una adolescencia de suspiros y miradas de adoración mal disimuladas, después de haberse mantenido estable durante cuatro años, convertida en cenizas bajo sus pies.

La noche en la que Kyungsoo se marchó, llevándose todas sus cosas y cerrando la puerta de un golpe, había habido nieve en las calles.

Y fue nieve lo que Baekhyun cruzó, enterrado bajo su abrigo negro y su bufanda gris favorita, buscando a su mejor amigo por todos los bares de Seúl hasta que lo encontró, sentado en un banco bajo el apartamento que había compartido con su novio, oliendo a alcohol y a derrota y con los dedos helados y crispados en torno a su teléfono móvil, marcando una y otra vez el mismo número de su agenda; un número que lo desviaba directamente a buzón, en el que no respondía nadie.

—Chanyeol —lo había llamado Baekhyun, y el otro chico había subido los ojos, mirándolo sin verlo. Y él se había sentado a su lado sobre el metal frío, quitándose sus propios guantes de las manos para poder ponérselos, apoyándole la cabeza en el hombro, intentando darle calor a pesar de estarse quedando helado—. Chanyeol.

Su mejor amigo no lo había rechazado, pero tampoco había dicho nada cuando Baekhyun había bloqueado la pantalla de su móvil, se lo había guardado en el bolsillo y lo había obligado a levantarse de allí, a caminar de vuelta a casa. Chanyeol se había encogido sobre sí mismo al entrar al recibidor, al dormitorio; se había cubierto el rostro con las manos al sentarse sobre la cama deshecha y ver cómo faltaba la mitad de la ropa, la mitad de las cosas, la mitad de todo.

Y era cierto que Baekhyun los había imaginado cada vez con más frecuencia; toda clase de escenarios en los que Kyungsoo desaparecía y él se quedaba a solas, así, con Chanyeol, pero lo último que había querido había sido verlo herido, verlo sufrir.

Era grotesco, antinatural, ver a Chanyeol triste.

Puede que por eso hubiera hecho todo lo posible para arreglarlo. Puede que por esa razón hubiese tratado de recoger la habitación, hubiese revuelto aquella cocina desconocida en una casa que no era la suya, en un lugar que no le pertenecía, para hacer un chocolate caliente que darle a Chanyeol; que lo hubiera amenazado con marcharse de allí y dejarlo solo si no se lo bebía en la penumbra (una mentira patética que el otro chico había creído) y había llamado a Kyungsoo mil veces desde su propio teléfono, dejándole una decena de mensajes en el buzón de voz, rogándole por favor que volviera para aclarar las cosas con Chanyeol, que no lo dejase (y él sabía de lo que hablaba) solo y con el corazón en pedazos.

—No va a contestarte —le había dicho su mejor amigo en un susurro, con las palabras atropellándosele en la garganta por culpa del alcohol que aún le quedaba en sangre, el vacío que era casi palpable en su interior—. Había amenazado con irse y se ha ido. Ya sabes lo cabezota que es; piensa que es mejor cortar por lo sano si hay que hacerlo. No va a… No va a volver, ¿sabes? No va a regresar conmigo.

Baekhyun se había sentado a su lado sobre la cama, dejando el espacio suficiente y maldiciendo interiormente una vez más porque todo lo que quería era que no hubiese espacio; porque no le reprochaba nada a Kyungsoo, porque entendía que quisiera marcharse antes de empeorar las cosas aún más si éstas no iban bien, pero a la hora de la verdad era él quien se quedaba. Él, tratando de ser de ayuda y de no hacerse daño a sí mismo, de mirar a Chanyeol y tratar de ayudarlo, ayudarlo de verdad y no tirarle los brazos al cuello, llorar y susurrarle al oído que él haría lo que fuera, cualquier cosa con tal de verlo sonreír otra vez.

—Quieres… ¿Necesitas algo? —se atrevió a preguntar, forzando las palabras más allá de los labios, ladeando la cabeza y sonriendo; un gesto tan forzado en la boca que dudaba que nadie pudiese creérselo.

—No, yo sólo… Yo sólo —el silencio era ensordecedor, y Chanyeol seguía con la cabeza entre las manos, sin mirarlo. Baekhyun iba a hablar otra vez, a decirle que lo mejor que podía hacer era acostarse y esperar al día siguiente, y que él se quedaría allí para él, velando su sueño si tenía que hacerlo, cuando sintió dedos rodeándole la muñeca, hundiéndosele en la piel desnuda, enviando una señal de dolor a sus nervios y un inexplicable anhelo a su cerebro—. ¿Baekhyun? —la voz de Chanyeol sonaba ronca, extrañamente áspera en una oscuridad que era casi total, y el chico se giró a mirarlo, tratando de distinguir unos rasgos que no estaban del todo claros, ojos negros sobre el negro de la habitación—. Deberías irte, ¿sabes? Es tarde. Deberías irte y dejarme aquí.

—¿Qué? —Baekhyun había querido gritarlo, pero su voz apenas había sido un murmullo. Sentía cómo la cabeza le daba vueltas, sentía el fuego en las venas; sentía el punto exacto en el que los dedos de Chanyeol estaban en contacto con su piel y no pudo reprimir el deseo, no allí, no entonces, de querer que aquel roce no estuviera movido por la pena, por la desesperación, sino por algo más—. ¿Cómo quieres que me vaya y te deje aquí, Yeol? Por dios, has bebido y creo que tienes fiebre, tienes que…

Baekhyun —había un deje de desconsuelo en la voz de su mejor amigo cuando tiró de él hacia sí, y el cuerpo del chico obedeció de forma automática, salvando el espacio que había guardado con tanto esmero entre los dos, pegándose a Chanyeol hasta que sintió que le ardía la piel y le temblaban los labios—. Me ha dejado, Baekhyun. Me ha dejado. No va a volver.

Y el chico no debería haberlo hecho, pero había respondido, casi sin voz.

—Yo sigo aquí.

Chanyeol lo había mirado, otra vez sin verlo, y Baekhyun no supo si era el alcohol, si era la fiebre, o si siquiera su amigo lo estaba viendo allí, delante de él.

—Te quiero muchísimo —le había dicho, casi como si delirara, pegándolo contra él por completo, hasta el punto en el que Baekhyun pudo sentir su calor, si respiración contra su piel—. No sabes cuánto te quiero.

—Lo sé. Sé que me quieres, siempre me has querido, Yeol —el chico había cerrado los ojos ante la sensación de las manos de su mejor amigo sobre su cintura, ante el silencio sobrecogedor en su pecho al detenerse los latidos de su corazón—. Pero no estás enamorado de mí.

Lo siguiente que había sabido era que Chanyeol lo estaba besando, con cierta torpeza y sin ninguna delicadeza, con una especie de ansia desesperada que no era lo que Baekhyun había imaginado, lo que había querido, pero que era lo único que iba a poder llegar a conseguir.

Debía de haberlo detenido, suponía. Tenía que haberse separado y gritado hasta hacerlo entrar en razón, pero él también estaba siguiendo un instinto, un pulso oscuro latiendo en sus venas, una voz que le susurraba que , mientras Chanyeol lo atrapaba entre su cuerpo y el colchón, dejándole un rastro de marcas rojo vivo en la piel inmaculada del cuello; que aquello era lo que quería, mientras había manos que le arrancaban con impaciencia todas y cada una de las capas de ropa con las que se había cubierto para protegerse del frío del invierno, labios sobre su piel que estaban consiguiendo esparcir el calor por sus miembros como un incendio descontrolado, pero que apenas lograban disipar el frío que lo atenazaba más allá; que después de haberlo deseado tanto no iba, no podía, echarse atrás.

El mundo daba vueltas, tornándose en un remolino de sensaciones, en el que todo era Chanyeol, Chanyeol, Chanyeol, encima, debajo, dentro de él, a su alrededor, y él estaba susurrando incoherencias, casi implorando, entre el placer, el dolor y la desesperación más absoluta.

Y fue entonces cuando escuchó a su mejor amigo decirlo, apenas un susurro sobre la plegaria en la que se había convertido su propia voz y sobre el pulso desbocado que le latía en los oídos. Tan sólo una palabra, un nombre.

Kyungsoo.

Y eso fue todo lo que hizo falta para que la tierra se saliera de su eje de pronto, para que el corazón se le pulverizase en el pecho. Para querer gritar y encontrarse sin voz, sin alma y sin palabras, en el mismo instante en el que su cuerpo se tensaba y su visión se disolvía en una mancha blanca.

--

Park Chanyeol nunca había sido intencionadamente cruel, jamás había pretendido, conscientemente, hacerle daño. Tal vez fuera eso, precisamente, razonó Baekhyun, mientras se arrastraba fuera del dormitorio y contemplaba su rostro vacío en el espejo del baño, lo que lo convirtiera en el peor monstruo de todos.



n/a: No suelo escribir a otros miembros en medio de mis otps porque puede suponer odio innecesario hacia miembros que no han hecho nada, y más si lo que estoy incluyendo es algo que no shippeo, pero esta vez la petición y el contexto incluían chansoo hasta este momento, así que ha sido inevitable, sólo esta vez. así que, por favor, no odiéis a kyungsoo. todo exo es un amorsh <3
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Tags: !multi-chaptered, fandom: exo, fic: short fics/drabbles, pairing: chanyeol/baekhyun, rating: r
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