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EXO; Chanyeol/Baekhyun [Insomnia, (1/2)]

Título: Insomnia
Fandom: EXO
Pairing: Chanyeol/Baekhyun
Rating: PG-13
Palabras: 1.449
Summary: No sabía a qué estaba jugando, deseando estar dormido por las noches e intentando probar que no lo estaba al amanecer.
Notas: Parte 1 es Chanyeol. Parte 2 será Baekhyun. Más que un two-shot es como un two drabble, pero en fin.


Era siempre el mismo juego estúpido.

De cara a todos los demás, se habían convertido en extraños. Dos personas que solían estar unidas y que ahora jugaban a no conocerse. Que compartían clase, compartían vida, compartían sueños, y que ahora dormían en el mismo cuarto de la residencia de su universidad y nada más.

Durante el día, ni siquiera se hablaban. En un momento dado, tiempo atrás, los dos habían pertenecido al mismo grupo de amigos e iban juntos a todas partes pero, llegados a un punto, Baekhyun había decidido que aquello no era suficiente, que quería otras cosas, que quería más. Y dejó de comer con ellos, dejó de reservar las tardes para sus amigos y las noches para Chanyeol y se marchó.

Del campus, de la ciudad, de su vida. Así, sin más.

Y Chanyeol lo admitía. Siempre había sabido que, de los dos, él era el estúpido, el romántico incurable, el que le compraba a Baekhyun chocolate por San Valentín a pesar de que el otro chico siempre pusiera los ojos en blanco y le dijera que “Yeol, sólo somos dos amigos que se acuestan, no hay necesidad”, lo sujetaba como si fuese casi delicado durante el sexo y le traía café apestosamente caro por las mañanas sólo para verle sonreír. Baekhyun siempre lo llamaba idiota, pero se lo bebía de todas formas, y Chanyeol creía que aquello estaba bien, que ese era su modo de funcionar, que tal vez su mejor amigo nunca se refiriera a ellos como pareja, ni hiciera intento alguno de formalizar las cosas, pero que aquello que tenían era especial.

O eso creyó, al menos, hasta que Baekhyun empezó a distanciarse de su vida, hasta que comenzó a olvidarse de responder a sus mensajes y empezó a aparecer en la habitación que compartían con el pelo revuelto y los labios hinchados. Hasta que le dirigía la palabra solamente para pedirle los apuntes de las clases que se perdía, y lo acusó de estar celoso cuando él dejó de querérselos dar.

Poco después, Baekhyun se fue. Apareció un día, tras una semana fuera del campus, y le dijo que se marchaba a vivir con su novio, que ahora eran exclusivos, que estaba cansado de estudiar y que quería algo menos monótono que su vida hasta entonces, que necesitaba algo más que mañanas de estudio en la biblioteca, maratones de películas por las tardes y besos por las noches bajo el edredón.

Quince años como conocidos, diez como mejores amigos, dos acostándose juntos y Baekhyun se despedía de él con una excusa la misma noche en la que se marchaba, sin ni siquiera mirarlo a la cara y llevando en el dedo un anillo de plata que tenía grabadas las iniciales de alguien que nunca había sido – ni era, ni sería – Park Chanyeol.

Y dolía. Y pasaba el tiempo y el daño no remitía, y las horas se convertían en días y los días en meses y aún quemaba por dentro, y el desamor, y el desengaño y la pena eran como veneno en las entrañas. Veneno que mataba, que lo dejaba insensible. Veneno con sabor a bilis en los labios y a heridas abiertas en el corazón.

Llegó marzo, y tras suspender la mitad de su temario, Chanyeol decidió dejar de pasar las tardes en la cama y estudiar. Llegó abril y volvió a comenzar a salir con sus amigos. Llegó mayo y, cuando creía que lo que quedaba de primavera estaba comenzando a alegrarle los días, cuando creyó que ya podía volver a empezar a caminar sin que todo, absolutamente todo, le recordara a Baekhyun, alguien llamó a la puerta de su habitación en mitad de la noche y, cuando fue a abrirla, se encontró al otro chico ahí, con una maleta en la mano y los ojos rojos bajo el flequillo oscuro.

—Chanyeol —lo llamó—. Chanyeol, he vuelto.

Hacía meses, aquel habría sido un golpe demasiado severo. El ver a Baekhyun ahí, muy pequeño y tan perfecto bajo toda aquella ropa que le quedaba tan grande habría bastado para hacerlo caerse al suelo de rodillas, cubrirse los ojos con las manos, dar las gracias a todos los dioses del universo y llorar, pero ya no. Aquel seguía siendo el cuarto de aquella persona en la residencia, así que tenía que dejarlo pasar, pero lo hizo sin decir absolutamente nada, a pesar de que Baekhyun lo estaba mirando como si esperara algo.

—Chanyeol —repitió una vez estuvo dentro, arrodillado junto a su maleta y con una voz tan suave que apenas parecía suya—. Esta vez voy a… Quiero quedarme. Lo he dejado con mi novio y he venido porque quería… Porque necesitaba…

Chanyeol ni siquiera se molestó en dejarlo acabar.

—Que te jodan, Baekhyun —murmuró antes de meterse bajo las sábanas de su propia cama y dejarlo, quieto y silencioso, en mitad de la habitación.

Y desde entonces, estaban así, jugando al gato y al ratón.

Chanyeol dejó claro a la mañana siguiente que quería que los cambiaran de habitación para el próximo semestre. Baekhyun lo observó con los ojos vidriosos y la expresión extrañamente perdida, pero no se opuso. Les quedaban seis semanas compartiendo dormitorio, y Baekhyun intentó hablarle más de una vez, pero él nunca escuchaba.

Pasaba las mañanas en clase, las tardes en la biblioteca y con sus amigos y, al llegar por las noches, Baekhyun estaba ahí, esperándolo, al principio, vestido con la misma sudadera vieja y grande con la que había aparecido allí de vuelta, hablándole de su día, de las clases que estaba recuperando y de todo lo que le pasaba por la cabeza, exactamente como había hecho antes de marcharse, y Chanyeol lo ignoraba, se cambiaba de ropa, se metía en la cama y apagaba la luz, dejándolo de pie junto a su cama y con la palabra en la boca.

Baekhyun había repetido esa rutina durante tres o cuatro días. Para cuando había llegado el quinto y Chanyeol había entrado en su habitación, se lo había encontrado ya metido en su cama, hecho un ovillo y completamente cubierto por el edredón. Había sido una variación para bien, y el chico había suspirado, se había cambiado y se había dormido.

Aquella había sido la primera noche en la que el sonido de sollozos lo había despertado; en la que había recuperado la consciencia, en un estado comatoso entre la vigilia y el sueño y había sentido el peso de un cuerpo a los pies de su cama y los murmullos de una voz conocida, prácticamente inaudibles a pesar del silencio.

—Lo siento —decía la voz, apenas un susurro roto—. Lo siento, lo siento. Te quiero. Te he querido siempre. Te quiero, te quiero, lo siento.

Y Chanyeol había querido creer que aquello había sido solamente un sueño estúpido; había cerrado los ojos con fuerza y había querido dormir (o despertar, quizás), pero aquellas palabras lo habían dejado paralizado y mentalmente destrozado sobre sus propias sábanas, hasta que la otra presencia había dejado de repetirlas, hasta que se había levantado y había pasado a ahogar una nueva oleada de sollozos bajo su propio edredón al otro lado de su habitación.

Chanyeol quería pensar que aquello era una mala pasada de su subconsciente, que una parte de su cerebro le estaba obligando a creer que todavía quería ese algo – a ese alguien – al que había amado con locura, al que había pasado a odiar y por el que ya no sentía absolutamente nada. No sabía por qué veía lo mismo cada noche, por qué creía despertarse ante el peso de Baekhyun a los pies de su cama y sentía su corazón encogerse cada vez que la voz del otro chico susurraba como un mantra que estaba enamorado de él.

Tampoco sabía por qué, al levantarse antes que él por las mañanas, acudía casi por impulso a la cama de Baekhyun y observaba su rostro sobre la almohada con el ceño fruncido, tratando de buscar surcos de lágrimas sobre la piel de sus mejillas.

No sabía qué era un sueño y qué no, pero muchas veces creía verlos allí: humedad apenas perceptible sobre su piel cuando, en todos los años desde que lo conocía, Baekhyun no había llorado nunca.

Y no sabía a qué estaba jugando, deseando estar dormido por las noches e intentando probar que no lo estaba al amanecer, pero estaba seguro de que no iba a ser él quien, esta vez, perdiese la partida.

Incluso si, en mitad de la noche, había veces en las que quería levantarse, golpearlo, besarlo, abrazarlo hasta que dejase de llorar y romperle el corazón en pedazos, no iba a ser él quien abriese los ojos.

[Parte 2]

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Tags: !two-shot, fandom: exo, fic: short fics/drabbles, pairing: chanyeol/baekhyun, rating: pg-13
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